domingo, 9 de noviembre de 2008

La foto del panteón

Me acuerdo cuando yo traía mi cámara y te propuse fueras mi modelo y así practicar para mi clase de fotografía, fuimos a la presa, a la playa, pero quisiste también pasar por un lugar en especial: Un cementerio. Me retaste a que nos tomáramos fotos ahí. Así fue que llegamos al panteón Jardín, que está sobre la prolongación de la calle Segunda, caminamos por ahí, elegiste una tumba, te sentaste al lado de ella y te tomé una foto, luego te dí la cámara, yo me tiré sobre una tumba, me puse una flor sobre el pecho y cerré los ojos hasta que oí el click. Te dije que tú te acostarás también sobre una tumba, pero tu osadía no llegó a tanto. Nos fuimos de ahí. Tiempo después me estuviste preguntando varias veces por esas fotos, como eran para la clase, sólo tenía los negativos y no hice por imprimirlas.
Al tiempo moriste.
Entre tus cosas encontramos un álbum de fotos que tú mismo ordenaste, eran puras fotos tuyas en diferentes etapas de tu vida, y al final quedó un espacio en blanco. Fue cuando entendí para qué querías la foto del panteón, me sentí mal por no habértela impreso, yo no sabía, aunque si hubiera conocido las razones por las que las querías no hubiera ido a ese panteón contigo. Así lo quisiste, le di la foto a tu mamá para que la pusiera donde debía ir.
Tu cuerpo quedó sepultado en Mazatlán, sin embargo, cuando paso por el panteón jardín aquí en Tijuana, no dejó de recordar lo de las fotos.
No concibo imaginar lo que sentías cuando estábamos ahí y tú ya sabías que iba a morir. Perdóname por no haberte sacado rápido de ahí.